protesta en guyana

Echar atrás el calendario. No demasiado. Sólo dos años. Mirar el panorama de conflictividad en Guayana y percatarse del protagonismo de los trabajadores y sus reivindicaciones laborales. Este ejercicio, más que una retrospectiva es, en resumidas cuentas, el bosquejo del ejercicio del derecho a la protesta en Guayana y Venezuela.

La fundación de Ciudad Guayana trajo consigo, en la vorágine de su desarrollo, la génesis de un nuevo paradigma en las relaciones laborales.

La fundación de Ciudad Guayana trajo consigo, en la vorágine de su desarrollo, la génesis de un nuevo paradigma en las relaciones laborales. Crear una ciudad en parte planificada -los planos y las escuadras no llegaron a San Félix- con base en un modelo de desarrollo basado en el hecho industrial, sembró la génesis de una nueva interacción de los trabajadores con el Estado. Fue el nacimiento de una identidad de clase hermanada en un complejo industrial. Un movimiento dispuesto a privilegiar el trabajo y su dimensión social hasta llegar, incluso, a redefinir parámetros legales.

Con semejantes raíces del movimiento sindical, lo demás era cuestión de tiempo. Lo demás era el desarrollo de un actor social preponderante en la sociedad guayacitana que enarboló la bandera del derecho a la protesta, casi exclusivamente, en procura de garantías laborales. Mientras tanto, en el resto de los habitantes, amparados por la visión y directrices de una omnipotente CVG, apenas se desarrollaron los primeros atisbos de ciudadanía.

Eso explica por qué hablar de protestas en Guayana era sinónimo de empresas básicas, dirigentes sindicales y derechos laborales. Eso explica, o más bien demuestra, la trayectoria de lucha de un sector de la sociedad contestatario por naturaleza, pero que circunscribió sus reivindicaciones a los espacios de las fábricas como una especie de élite dentro de los habitantes de la novel ciudad.

No en vano los estudios presentan al estado Bolívar como bastión de la lucha sindical en Venezuela: un país donde, según informes del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS), el principal motivo de protesta ha sido los derechos laborales. Ahí la impronta del estado Bolívar es más que evidente, pero la cartografía actual de la protesta en la entidad muestra otro panorama. Ya el protagonismo no está del lado de las fábricas, sino de las casas, las barracas y los apartamentos. Ya la figura de la reivindicación no es el trabajador, sino el ciudadano.

El “yo” por el “nosotros”

El desarrollo del guayacitano cultivó su propia dinámica allende de las maquinarias, discusiones contractuales y asambleas en portones. El avance en el conocimiento del sistema de derechos, la profundización de la cultura democrática y el empoderamiento del habitante con su entorno fue ganando terreno a un movimiento sindical que, mientras tanto, era desmembrado desde sus entrañas por el Gobierno gracias al paralelismo sindical, la repartición de privilegios y el menoscabo de las libertades sindicales.

Esto hizo que el rostro de la protesta en Guayana pronto fuese el de la exigencia compartida (…) el justo reclamo comienza a trascender la esfera laboral para involucrar a la Ciudad Guayana toda 

Esto hizo que el rostro de la protesta en Guayana pronto fuese el de la exigencia compartida. El auge reivindicativo asomado en 2013, exacerbado en 2014 y consolidado en 2015 evidencia una urbe apoderada del sentido ciudadano, cuya dimensión por el justo reclamo comienza a trascender la esfera laboral para involucrar a la Ciudad Guayana toda. La ama de casa, trabajadora, desempleada. La cultora, la emprendedora, la rescatadora de espacios. La débil social y económica que aún depende del Estado para su subsistencia.

Demuestra además que lo del 2014 no fue una catarsis de Guayana, sino la manifestación de una evolución en la conciencia del derecho y la opinión pública como dos de los mecanismos garantes de la democracia. De ahí que la protesta actual de Ciudad Guayana ya no obedezca a un nicho social, sino al clamor compartido de una colectividad que encuentra espacios de acuerdo a partir de necesidades comunes. Es el desarrollo del “convivir”. La muerte de la “coexistencia” para formar, entre todos, la idea de lo colectivo, de lo común. De lo que es de todos y a la vez de nadie. Res publica, lo llamaron los romanos: los albores de lo que hoy se conoce como “República”

Ramsés Ulises Siverio  rsiverio@correodelcaroni.com 

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