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Las violentas protestas en las calles de Venezuela han disminuido pero, a pesar de la victoria percibida por el gobierno sobre la oposición, el disenso político ha ido en aumento. Las demandas de la oposición, tales como restaurar la independencia de sistema judicial y otras instituciones claves, no han sido atendidas. La mayoría de los asesinatos ocurridos durante las protestas permanecen sin resolver.

La recesión económica y un desabastecimiento crítico de bienes básicos, incluyendo comida y medicinas, requieren acciones urgentes que el gobierno ha retrasado. La disidencia interna en ambos bandos también ha contribuido a la reticencia a retomar las negociaciones que están estancadas desde mayo. El último boletín informativo de International Crisis Group, Venezuela: inercia peligrosa (en inglés), describe las formas de abordar las causas fundamentales de una crisis que, de persistir, bien puede empeorar con repercusiones más allá de Venezuela.

Los principales hallazgos y recomendaciones del boletín informativo son:

– Cualquier solución a la larga crisis política de Venezuela debe ir de la mano con el desarrollo de instituciones del estado de derecho autónomas y capaces de aplicar la ley de forma imparcial. El gobierno y la oposición deben acordar un plazo viable y un mecanismo confiable para nombrar nuevos miembros en la Corte Suprema, el Consejo Nacional Electoral y otras instituciones claves.

– La comunidad internacional debe supervisar y asistir en ese proceso para validar la integridad de la selección del personal y para asegurar que los actores de la sociedad civil, libres de presiones políticas, participen en esta selección según lo dispuesto en la Constitución. La oposición claramente exige un observador imparcial capaz de ofrecer garantías, mientras que el gobierno se beneficiaría incluyendo actores externos creíbles para reforzar algunas de las difíciles decisiones que enfrenta.

– La Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) parece ser la más indicada para este rol, pero como una organización relativamente joven, también se vería beneficiada de apoyo. Otros actores, como las Naciones Unidas, deberían ofrecer asistencia técnica y política, donde se necesite. Esto podría enfocarse inicialmente, por ejemplo, en reforzar la capacidad de UNASUR de producir análisis y recomendaciones de política y ayudar a diseñar un marco de trabajo creíble para las conversaciones.

– La UNASUR y la comunidad internacional deben a su vez promover el reinicio de las negociaciones y apoyar los llamados para la liberación de aquellos detenidos por su participación en manifestaciones políticas no violentas.

“La hoja de ruta para abordar la crisis no necesita ser esbozada desde cero; está disponible en la Constitución”, dijo Javier Ciurlizza, director del Programa para América Latina. “Los vecinos de Venezuela y la comunidad internacional en general tienen un rol crucial en traer a ambas partes de vuelta a mesa de negociación y reformar el sistema político venezolano. Si no tienen éxito, la tranquilidad en las calles de Venezuela podría ser la calma antes de la próxima tormenta”. (Prensa International Crisis Group, 23.09.2014)

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