Concentración frente a la FGR para exigir Justicia
Concentración frente a la FGR para exigir Justicia

En la mediación la buena intención no basta. Los acuerdos deben ser operativos y aceptables no sólo para quienes están en la mediación, sino para aquellos y aquellas que puedan resultar afectados por el acuerdo Óscar Misle

El conflicto siempre estará presente en nuestras relaciones por el simple hecho de ser diferentes. Basta con que nos encontremos para ir al cine para que las diferencias en los gustos e intereses se hagan presentes. Los y las que prefieren las películas de acción estarán en desacuerdo con quienes les gustan las románticas o los y las que prefieren no enrollarse y optan por las cómicas. En ese proceso de decidir qué película ver se puede negociar o simplemente optar porque cada quien se vaya por su lado y listo.

La mediación es un proceso de cooperación para la resolución de un conflicto, en el que un tercero o una tercera imparcial es solicitada por los y las protagonistas para que los y las apoye en la búsqueda de un acuerdo satisfactorio

En la forma de asumir los conflictos puede haber discrepancia, choque de intereses; sin embargo, a pesar de estas diferencias, los conflictos se pueden concebir como una posibilidad para generar cambios. Buscar alternativas diversas en las que es válido escuchar puntos de vista distintos y la diversidad se asume como una posibilidad y no como una amenaza.

Muchos conflictos se originan por privilegios, insatisfacción de necesidades, deseos no logrados, lucha o abuso de poder, diferencias de creencias o ideologías, agresiones físicas, verbales, gestuales, intimidación, manipulación…

Mediar para convivir

La mediación es un proceso de cooperación para la resolución de un conflicto, en el que un tercero o una tercera imparcial es solicitada por los y las protagonistas para que los y las apoye en la búsqueda de un acuerdo satisfactorio.

La idea es facilitar el diálogo a fin de redefinir y resolver las disputas, a partir de los intereses en juego. Es un medio de atribuir a los propios protagonistas y a las propias protagonistas del conflicto la toma de decisiones al respecto. El rol de la mediadora o del mediador es clave y su trabajo es promover un clima de colaboración para reducir la hostilidad, mientras que su meta es posibilitar que las partes acuerden decisiones en las que haya equidad. No obstante, cabe destacar que el mediador o la mediadora carece de poder de decisión, y esto es difícil de asumir porque lo que se busca es que lleguen a acuerdos partiendo de los intereses y necesidad de los involucrados o las involucradas, y no de los puntos de vista del mediador o la mediadora.
En la mediación la buena intención no basta. Los acuerdos deben ser operativos y aceptables no sólo para quienes están en la mediación, sino para aquellos y aquellas que puedan resultar afectados por el acuerdo.

Comunicación: clave en la mediación

En la mediación se requiere capacidad de escucha y esto suele ser difícil por las reacciones emocionales frente a los planteamientos de quienes no comparten nuestras ideas y planteamientos. A veces escuchamos lo que nos conviene, especialmente cuando hay asimetría de poder, por jerarquías o por el liderazgo que se ostenta. En los factores generadores de conflicto siempre hay un componente de mala comunicación.

El mediador o la mediadora debe tratar de evitar que se establezcan acuerdos determinados sólo por el poder de una de las partes. En tal sentido, la mediadora o el mediador puede exponer que no se debe iniciar o continuar un proceso si las fuerzas no son equilibradas. Se suele idealizar o sobrestimar la mediación como la panacea de la solución de todos los conflictos y se crea la fantasía de que por el hecho de estar sentados juntos o sentadas juntas ya se logró el objetivo y se llegará a “acuerdos” que son concesiones, en las que no se abordaron lo no dicho, y eso quedó oculto, reprimido y es altamente explosivo; pero no se tuvo el valor ni la madurez para ponerlo sobre la mesa.

Una de las premisas fundamentales de la mediación es que la participación debe ser voluntaria y que es un proceso. Puede ser que no baste una reunión para solucionar un conflicto, y que no todo se pueda acordar en ese momento. De ahí que una de las dificultades que se pueden presentar sea cuando se imponen decisiones porque se generan resistencias, hostilidad y se sabotea la intención de mediar.

Dificultades para mediar

La asimetría por la lucha de poder entorpece las intenciones de mediación; especialmente, si no se está consciente de las mismas pueden constituir “plomo en el ala” para las iniciativas.
En los centros educativos, entre estudiantes, se pueden dar relaciones de asimetría ante los cuales los docentes deben estar atentos. Casos de acoso o chalequeo discriminatorio difícilmente pueden ser resueltos por la mera actuación de estudiantes mediadores; incluso, puede ser riesgoso en algunos casos. Sin embargo, hay experiencias positivas de casos de mediación en las escuelas. Una de ellas es la desarrollada en el colegio Prisco Villasmil, ubicado en La Pedrera, Antímano, donde cada salón tiene dos promotoras o promotores que velan por la convivencia de sus compañeras y compañeros. Si se presenta algún conflicto entre alumnos, alumnas o entre profesores y estudiantes lo abordan, según la gravedad; se reúnen con las lideresas o los líderes del grupo, el profesor guía y las involucrados o los involucrados fomentando un ambiente que permita a las partes expresarse, para que a través del diálogo no sólo se limen las asperezas sino que cada parte pueda escuchar y entender el punto de vista de la otra, con lo cual terminan solucionándose los problemas de manera pacífica.

La metodología de la mediación requiere reconocer y confiar en que las partes son quienes más saben acerca de la causa del conflicto. Por esta razón, su participación activa es clave y el rol del mediador o la mediadora consiste en animar a las partes en la construcción de una solución mutuamente satisfactoria.

Una pedagogía para la paz

Educar para la responsabilidad, para resolver conflictos pacíficamente, implica preguntarnos para qué sociedad estamos educando y de la respuesta dependerá que estemos satisfechos o no con los métodos que estamos utilizando o que necesariamente debamos repensar una educación que contribuya con el individualismo y competitividad o con la solidaridad y la paz.

Harris (1990) define los principios básicos de una pedagogía pacífica:

* El uso del diálogo: también los estudiantes tienen algo que decir
* Aprendizaje cooperativo: en el que el estudiante es consciente de que puede obtener sus objetivos si y solo si también los obtiene el resto de los estudiantes del curso; en contraposición al aprendizaje competitivo en el que el estudiante percibe que sus objetivos se alcanzarán si el resto de estudiantes fracasa de alguna medida (Johnson y Johnson, 1975).
* Solución de problemas: aprender a pensar críticamente; crear el clima, definir y discutir el problema, explorar las soluciones alternativas.
* Afirmación: en la medida en que el sujeto o la sujeta tiene la capacidad de resolver sus propios problemas puede mejorar su autoestima.

(La Voz de los Derechos humanos, Liliana Cadena, Diario La Voz, 08.04.13)

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