Aprovechando la campaña iniciada por diferentes organizaciones sociales para enviarle cartas de apoyo y aliento, con motivo de su escandalosa detención desde el mes de septiembre pasado, por haber apoyado una huelga de trabajadores en Ferrominera, gremio del que usted es Secretario General; me animo a escribirle para expresarle mi gratitud. Me explico.

Actualmente vivimos en una época de crisis de las palabras donde éstas ya no significan lo que habíamos aprendido de ellas. El caso del máximo galardón pacifista que por unas cuantas palabras -aún no traducidas en ningún hecho tangible-, un presidente ha sido recientemente condecorado con el Premio Nobel de la Paz, aunque su silla esté construida sobre todo un arsenal armamentista que apunta a todas las direcciones. Por estos predios “soberanía alimentaria” es importar el 70% de la comida que consumimos; y “soberanía energética” es hacer contratos de 40 años con empresas como Chevron y Repsol YPF.

En estos tiempos de confusión, hablemos del caso que nos ocupa: un sindicalista que por defender los derechos laborales presentes en la Constitución Nacional y usando una herramienta también incluida en la misma Carta Magna, se encuentra privado de su libertad por los mismos que la redactaron y aprobaron. Pero las confusiones no terminan aquí: los denominados medios “alternativos” y “comunitarios” locales que debieran tenerlo como bandera de la lucha por el bienestar de la clase trabajadora no sólo le dan la espalda, sino que difunden comunicados gubernamentales que lo acusan de “saboteador” y “guarimbero”. Y como si los desarreglos fueran pocos, las escasas notas informativas han sido publicadas por medios de comunicación privados, esos a los cuales un activista le tiene amplias e históricas reservas. Como dijo ya otro alguna vez: “el mundo dado vuelta”.

Y es precisamente en este tiempo de vértigo y orfandad, que su padecimiento y figura brillan como luna llena en noche de lluvia. En un país donde la impunidad es la norma, que usted se encuentre privado de su libertad y de poder abrazar a sus nietos o besar libremente a su esposa por defender los derechos de otras y otros menos privilegiados, es un manifiesto acerca de su naturaleza. Por ello, le doy las gracias.

Tras años de escuchar como la gente que creía moral e intelectualmente respetable, han venido justificando lo injustificable, ubicándose en la irracionalidad de alguno de los bandos, han dejado a los viejos ídolos con sus pies empantanados al aire. Y uno, cosa humana y discúlpeme el abuso de confianza, necesita referentes. Gente que se pueda ver, oler y tocar. Que además, encarne esos valores como la libertad y la justicia social, que son mejores tanto para uno, como para sus afinidades.

En estos tiempos oscuros, en el que las palabras han sido vaciadas de significado, son las acciones las que hablan y cada uno de esos días que ha pasado tras las rejas, sin padrinos, ni falso protagonismo mediático, han sido una clase magistral de humanidad.

No creo que su permanencia en prisión “agudice las contradicciones”, como plantean los que hacen política desde los escritorios, en términos de “masas” y “correlación de fuerzas”. Tampoco creo en mártires, como nunca he creído en dioses, amos o caudillos providenciales. Si bien hay algunos camaradas venezolanos a los que les preocupa la situación en Honduras o Israel, muchos en su propio partido PSUV y sin dejar de lado el internacionalismo yo prefiero estar activo por los problemas de casa. En lo personal me es inaguantable cada minuto que usted permanece alejado de la gente que ama.

Su situación nos ha permitido volver a bregar por el futuro, sin falsas nostalgias por el pasado ni cheques en blanco con el presente. En esta larga noche, como pequeñas luciérnagas estamos titilando para vernos y reconocernos de nuevo, recordando a su vez quiénes éramos y qué soñábamos. Por ello algunos nos estamos encontrando en la causa común de enviarle comunicaciones de solidaridad, como siempre hemos hecho con los presos políticos de nuestras causas, de esas demandas que perdemos sólo a costa de aumentar nuestra dignidad como seres humanos. Ahora somos pocos y pocas, pero como nos dijo Albert Camus, aún no hemos salido de la humillación. Mas el mundo gira, la historia cambia y un tiempo se acerca, de eso esté usted seguro, en que ya no estaremos solos.

Le reitero a usted, mis palabras de afecto y reconocimiento.

(*) Activista libertario, objetor de conciencia y defensor de los derechos humanos

www.derechos.org.ve

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