El 2 de febrero de 2010, cuando justamente se cumplían 11 años de su arribo al poder, el presidente Chávez emitió su cadena nacional de radio y televisión número 2.000. En promedio, durante su largo gobierno, el jefe de Estado venezolano ha hablado haciendo uso de este mecanismo un día sí y otro no. Debe recordarse que la cadena, como se le llama popularmente en Venezuela, impide cualquier otro mensaje por la red nacional pública y privada- de radio y televisión.

Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), entre febrero de 1999 y julio de 2009 los medios de comunicación venezolanos transmitieron «un total de 1.923 cadenas presidenciales, equivalentes a 1252 horas y 41 minutos, o lo que es igual, a 52 días no interrumpidos de emisión de mensajes del mandatario».

Se trata de un largo monólogo, que por su propia naturaleza impide un diálogo o debate político, y ello tiene repercusión notable en momentos electorales, en los cuales debe propiciarse un clima general de libre deliberación en una sociedad democrática.

El uso de las cadenas en Venezuela estaba limitado, antes de la llegada de Hugo Chávez al poder, a un número reducido de mensajes a lo largo del año por parte del jefe de Estado, la transmisión de actos oficiales en fechas patrias y el arribo de dignatarios extranjeros.

El 2 de febrero de 1999, cuando tomó posesión el presidente Chávez, se estableció una marca sin precedentes en el país ese mismo día. Se transmitieron cuatro cadenas presidenciales que totalizaron 8 horas y 14 minutos de duración en el horario matutino, vespertino y prime time estableciendo el récord de ocupación de la pantalla de televisión en una transmisión gratuita de este tipo.

Las cadenas tienen un claro impacto en el contexto electoral de Venezuela por varias razones. El presidente Chávez hace un uso propagandístico de un espacio, que dada su naturaleza estatal y pública, debería estar ajeno a la pugna política; hace un uso excesivo de dicho mecanismo, lo cual genera una distorsión en el volumen de mensajes oficiales y opositores en el marco de una campaña; y por último, cuando el presidente Chávez habla en cadena anula cualquier otro mensaje, es decir coarta la posibilidad de que los venezolanos escojan libremente que puntos de vista, informaciones u opiniones seguir. Se trata de un mensaje único, el del presidente, que debe ser seguido de forma obligatoria por el resto del país.

Tal como lo ha sostenido la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en su documentado informe «Democracia y Derechos Humanos en Venezuela», en el país se registran «una gran cantidad de cadenas nacionales oficiales en los medios de comunicación», las mismas «obligan a los medios de comunicación a cancelar su programación habitual para transmitir información impuesta por el gobierno», y «muchas de ellas tuvieron una duración y frecuencia que podrían considerarse abusivas a la luz de la información allí vertida que no siempre podría estar sirviendo al interés público» .

Las cadenas, con frecuencia, se utilizan para que el Presidente participe del debate político-electoral, pese a la naturaleza pública del instrumento. Como ha sostenido la organización Reporteros Sin Fronteras, el presidente Chávez especialmente en el contexto electoral «monopoliza la palabra pública mediante las cadenas, cuyo interés y utilidad no están demostrados».

Un juicio emitido por esta organización, que es bastante aceptado en el mundo democrático, es que justamente una campaña electoral «es un momento privilegiado para el pluralismo de opiniones», lo cual debería lograrse de acuerdo con «el principio de un reparto justo del tiempo de la palabra, que el Estado tiene obligación de garantizar». El uso del mecanismo de las cadenas no sólo dista de ese reparto justo, sino que tiene un impacto en la formación de la opinión pública en momentos electorales.

Las cadenas son un claro instrumento oficial en medio de las campañas electorales. El 13 de enero de 2009, a escasas semanas del referendo para aprobar una enmienda constitucional, se transmitió «la cadena presidencial de mayor duración del período 1999-2009, equivalente a siete horas y 34 minutos», de transmisión ininterrumpida.

No puede soslayarse el hecho de que se trata, en su conjunto, de un abultado número de horas dedicado al monólogo presidencial. Como ha puntualizado la propia Comisión Interamericana de Derechos Humanos, «tales cifras no incluyen la transmisión de los programas Aló Presidente, los diez minutos diarios para mensajes gubernamentales impuestos por la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, ni la publicidad oficial habitual en la televisión o radio».

Como colofón, este excesivo uso de las cadenas de radio y televisión por parte del presidente Chávez no parece despertar inquietud en el resto de poderes públicos, ni siquiera del Consejo Nacional Electoral (CNE). Puede seguirnos en @infocracia.

Andrés Cañízalez
Coordinador de Infocracia

Publicado en Tal Cual

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