Las llamadas salas situacionales del gobierno han aprendido a leer las coyunturas del país y seguramente desde allí se hizo la lectura de que no es el momento apropiado para seguir adelante

El gobierno de Hugo Chávez maneja su estrategia en dos velocidades, la finalidad sin duda es el control hegemónico de la comunicación e información.

Apela a estas velocidades según la lectura que hace del contexto político, las reacciones que recoge de la sociedad y sobre todo va evaluando el valor estratégico que puedan tener dichas decisiones, en el marco de su plan global. Estos factores ayudan a entender lo que a simple vista puede leerse como un juego de lanzar una propuesta y luego echarse para atrás.

En estos días tenemos un ejemplo clásico de cómo opera el gobierno de Hugo Chávez en su afán controlador sobre la sociedad. El jefe de Estado deja caer, en medio de un discurso político, que está a disgusto con una expresión libre en Internet y llama a las autoridades, al resto de poderes públicos, a que actúen para ponerle coto a lo que presenta como un territorio sin ley.

Incluso saca a colación casos de otros países en los cuales hay límites para la expresión en Internet y se refiere concretamente a Alemania. Deja de lado, y no es casualidad, lo que ha significado la regulación de Internet en naciones, con las cuales por cierto nuestro país tiene «relaciones estratégicas», tales como China, Cuba o Irán. En cada una de esas naciones, no hay que olvidarlo, hay personas pagando penas de prisión por el delito de acceder a Internet y enviar información u opiniones independientes al exterior.

A la declaración presidencial del sábado 13 de marzo, le siguió una semana intensa de declaraciones y refutaciones de todo tipo. Por un lado, el coro automático se encendió apenas habló el Presidente, así el ministro Diosdado Cabello o la Fiscal General Luisa Ortega Díaz rápidamente expusieron la necesidad de que regulara el uso de Internet en Venezuela, y ambos abogaron por restricciones que se plasmarán en textos legales.

La Fiscal fue más allá y emplazó públicamente a los parlamentarios de la Asamblea Nacional a actuar.

Puesto en el ojo del huracán, el diputado Manuel Villalba jugó el papel de Cantinflas: sí pero no, allí está el detalle. El diputado, quien preside la Comisión de Ciencia, Tecnología y Medios de nuestro parlamento, aseguraba que era importante legislar en materia de Internet, pero enmudecía ante la pregunta de por qué entonces no figuraba entre las prioridades de la Asamblea Nacional en este 2010.

Diversos parlamentarios, de esos que están pescueceando en este año electoral, para figurar y que Chávez los bendiga para las elecciones parlamentarias, salieron rápidamente a señalar la necesidad de contar con límites y controles sobre Internet.

La posibilidad de controles por vía legislativa, es decir con la aprobación de una ley, o eventualmente un decreto, que sin tener rango de ley implique un marco normativo en el país, copó buena parte del debate y hacia allí nos llevó la agenda de discusión oficial.

Quedó soslayado un asunto que se ha presentado como «técnico», cuando en realidad en los países autoritarios, léase Cuba sin ir muy lejos, tiene un manejo político, se trata del establecimiento de un punto de acceso único, administrado por el Estado.

Como bien lo ha señalado Víctor Suárez, que la telefónica estatal CANTV maneje tal punto único, hacia donde ya se han dado pasos, no requiere de ninguna ley o decreto, pues justamente se trata de una decisión presuntamente administrativa, que tendría en nuestro contexto notables repercusiones políticas.

La reciente visita del ministro cubano Ramiro Valdés, quien justamente maneja los mecanismos de censura de la Internet en Cuba, que se han facilitado justamente gracias a ese punto único de acceso controlado por el Estado, no debe soslayarse, como tampoco debe obviarse que en 2009 después de su salida de la policía política, la DISIP, el general Henry Rangel Silva estuvo de candidato a dirigir la CANTV, a cuya junta directiva finalmente se integró.

Las palabras de Chávez, junto al coro de seguidores que dieron luz verde a la idea del jefe, en el sentido de controlar Internet, encendieron las señales de alarma, dentro y fuera del país.

Varias organizaciones importantes dedicadas a defender la libertad de expresión se pronunciaron al unísono, los medios recogieron el malestar ciudadano y las propias redes sociales haciendo uso justamente de Twitter y Facebook, entre otras herramientas, se colocaron en pie de lucha a favor de la libertad de expresión en Internet. Y lo más importante, en los propios sectores populares se le dio una valoración positiva al uso de Internet, y más que un lujo de la clase media acomodada, se le ve en esos sectores que siguen al chavismo como un servicio básico.

Las llamadas salas situacionales del gobierno han aprendido a leer las coyunturas del país y seguramente desde allí se hizo la lectura de que no es el momento apropiado para seguir adelante con la idea de tener un mayor control sobre Internet.

La puesta en escena se completa el domingo 21 en Aló, Presidente , cuando Chávez desmiente categóricamente que haya dicho lo que todos escu- chamos y vimos.

Pero ya no importa, al tiempo que desmentía la posibilidad de controlar Internet, lo cual seguramente estará seguido de un enfriamiento del tema, el Presidente ya ponía otro tema en agenda.

Sin embargo, es difícil pensar que a mediano y largo plazo el gobierno acepte convivir con una expresión libre y crítica en el ciberespacio, cuando justamente ha ido estableciendo un modelo hegemónico sobre el mundo de las comunicaciones y la información.

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