opinionUn largo año hemos dedicado a procurar justicia tras la impune muerte de mi hijo Jacinto Elías López Velasco, quien fue secuestrado y asesinado por un grupo de hampones que hoy continúan delinquiendo, cobrando vidas, secuestrando, ultrajando y asesinando, gracias a funestas complicidades policiales y judiciales.

Antes de conocer el segundo día del 2009,  Jacinto Elías fue víctima de un cruel y alevoso secuestro y asesinato que un año después continúa impune. Convertida la investigación en un verdadero laberinto de complicidades que desnudan la realidad de una política de Estado que cobija la impunidad en el Ministerio Público, el Poder Judicial y los cuerpos policiales.

Nada más propio para describir el ascenso del delito en Venezuela, que la cruel desventura escrita por el reconocido poeta y dramaturgo alemán Bertolt Brecht, en un poema, describe el cruel exterminio que padeció el pueblo judío en tiempos de la Alemania nazi, hoy convertida en aleatorio  lugar común: Primero robaban bodegas y abastos, a la par de traficar y jibarear[i],  entraron en juego con los cuerpos policiales,  primero y luego con el poder judicial.  El contubernio  se estableció en las cárceles que más que lugares de purga, se convirtieron en bufetes de la criminalidad y el delito: nadie escapó ileso, inocentes, criminales, cancerberos y víctimas por igual cobraron el alto costo de madurar la impunidad. Primero le cobraron al disidente, luego al dueño del abasto, luego al vecino, a mí; al asesino, al gendarme, al juez, a la fiscal. Nos convertimos en un rebaño en duelo permanente.

El deterioro abrazó el país entero; se adueñó de él. Los filósofos le achacaron a  la tránsfuga económica del petróleo todos los males, obviando el desvarío político de nuestro continente que desde hace más de dos siglos, busca rumbo propio, ante el acoso ancestral de los tradicionales imperios.

Así vemos una Cumbre Eco ambiental cuya agenda la marcan los depredadores, igual que nuestras cárceles  son dominadas por un  Pram[ii]

El descuido sobre un sector de la vida común de cualquier sociedad es causante de desastres: si no fumigas se puede desatar una epidemia. Si no produces alimentos probablemente ante una contingencia puede que padezcas hambrunas. El ahorro más que concepto capitalista es la única contingencia que ha producido la sociedad para enfrentar el futuro; entendiéndose éste no como una alcancía atiborrada, sino como expresión cultural, eminentemente agraria y nuclear, particularmente en Venezuela, que no de otra manera puede garantizar su sobrevivencia.

El decir, la fábula, lo escatológico de lo real maravilloso, se apoderó de la sociedad y la merma nos condujo a la nocturnidad; a la noche que veíamos de lejos y pensábamos que no habría de llegar.

La  búsqueda de la equidad bajo los preceptos populistas del gobierno, condujo bajo preceptos de reformas,  a la terminal descomposición del Poder Judicial, del Ministerio Público y de los cuerpos policiales en su totalidad, y con ellos un alarmante aumento de la criminalidad a todos los niveles en todo el país. En buena parte de éstos delitos participan los cuerpos policiales y aún así, la política oficial al margen de adecentarlos o eliminarlos, es crear nuevos cuerpos de seguridad o cambiarles el nombre para con ello borrar la atroz memoria que los antecede.

La respuesta a este  estado de descomposición,  no la producirá la academia, ni nuevos planes de seguridad, que ahora cuentan entre sus víctimas a sus propios victimarios, tan siquiera la recuperación  de las garantías sociales hoy vulneradas: el respeto a la vida, a la seguridad, a la justicia. Evidentemente la epidemia que parece incontrolable requiere de depurativos que sólo la sociedad organizada puede dar.

Lejos del discurso clasista que siempre encontrará cobijo ante las desigualdades, existen respuestas que nunca podrían producir  sociedades con vocaciones terminales, patrioteras, populistas y reduccionistas.

Al cabo de un año de desesperanza, que cada día cobra un nuevo afecto conocido o no, que merma el futuro y se apodera de la esperanza, que tiñe nuestras desoladas calles de temor y  de claustros. Hoy puedo reconocer en carne propia la desigual lucha que han enfrentado organizaciones como el Comité de víctimas contra la impunidad, que a lo largo de cinco años se ha convertido en centro de resonancia y organización, que cobija todos los dolores, propios y ajenos, a ese Comité vaya mi adhesión y reconocimiento.

Hacia allá debemos volcar entonces mirada y esfuerzo, en organizaciones que garanticen que el eco se expanda por las calles y el luto que nos abraza en colectivo, pero lo lloramos solos, provoque una respuesta colectiva; de todos y cada uno de hijos e hijas que deben vencer la soledad y el miedo que se apoderó de las calles y la vida.

Con la mirada puesta en un atardecer donde prevalezca la justicia, debemos conquistar una desconocida forma de futuro tras tanta muerte.

El atardecer hecho añicos, batiendo los flecos, aparecerá con sus cadáveres, con sus heridos, con sus secuestrados, con sus hurtados y vejados, hecha un mar de luto reaparecerá el país perdido y seguirá en pos de un mañana que vencerá la indolencia y renegará de la venganza que pretende suplantar la justicia. Sobre las calles ensangrentadas, caminaremos sin un atisbo de asombro,  puesto que venceremos a la impunidad.

Quisiera tenderme en una plaza y llorar por la piedad. Soñando con un Jacinto Elías López Velasco, tataranieto de un agricultor del valle de Anzoátegui que pretendía la fertilidad de la tierra como riqueza única, insoslayable, y en su afán, entregó su sangre última a una tierra de gracia apoderada por el crimen y la violencia, que no le permitió cultivar sueño alguno y lo acribilló mucho antes que desapareciera este mal presagio de sociedad en duelo permanente en la cual vivimos.

Carlos Eduardo López Falcón


[i] Vendedor al detal de drogas

[ii]CHAREMBAUX Patricia. A ese infierno no vuelvo. Pram es una especie de Jefe y custodio de zonas

Una respuesta

  • Te saludo, amigo; y aludo, Carlos Eduardo, a tu inteligencia que descuella. Antes lo habia comentado. Ahora, te digo que contigo esta mi aprecio; y tambien mi apoyo, por menudo que sea, en esta dura situacion que enfrenta nuestra ciudad y nuestro pais.. Enoc Campo Garcia.

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