Algunas personas añoran la educación del pasado. La época en que “la letra entraba con sangre”. Se dice que un bachiller estaba más preparado que un universitario de ahora. Un maestro normalista sabía más de didáctica que los docentes de estos momentos. Sin embargo, viejos alumnos recuerdan cómo un maestro los sometía a castigo arrodillándolos por alguna travesura de muchacho. Recuerdo que una maestra zurda de tercer grado se cuadrada como un cátcher desde su escritorio y apuntaba con el borrador a un niño que saltaba como un ratón sobre los pupitres. Es como un robo de primera para segunda. Sale el corredor y el cátcher hace el lanzamiento. Justamente le pegaba con tanta puntería en la cabeza que el alumno caía al suelo. No pasaba nada. Pura rutina.

Ahora, yo recuerdo que mi maestra de primer grado me pegó con un palo de escoba por las espinillas. Claro, yo no andaba rezando, sino que como todo niño y con los otros estábamos relinchando. Pero la maestra me agarró a mi y me dio. Cuando llegué a la casa al medio día, me acordé que tenía unos turrumotes en las piernas y traté de escurrirme al cuarto sin que mi abuela lo notara. Sabía que me habían pegado porque estaba haciendo bulla. Pero a mi abuela no le gustaba. Hizo que le dijera y le mostrara. Al otro día fue a la escuela reclamar. Me porté mejor y más nunca usé pantalones cortos.

Cierto que la educación ha cambiado. Las escuelas que formaban maestros se eliminaron. En las universidades se estudia educación. Pero la práctica docente de aula se hace en el último año o semestre de la carrera como requisito para graduarse. Todos sabemos cómo se imparte la docencia y el tipo de alumno que se tiene. Se trata de un alumno que no quiere leer. No quiere exponer. Tampoco quiere investigar. No sabe de metodología de estudio. Los trabajos prácticos como monografías o ensayos se los copia de internet. Pierde mucho tiempo y es indisciplinado. Son muy pocos los estudiantes excelentes. Predomina el que solo aspira a sacar la materia con 5 puntos.

La educación ha dado un vuelco. Mejores técnicas e instrumentos didácticos. Nuevos proyectos. Una visión diferente sobre el proceso de enseñanza aprendizaje. Pero las familias dejan a sus hijos en las escuelas pensando que éstas son guarderías. Los docentes trabajan para ganar un sueldo por un servicio que prestan. Para algunos maestros, la LOPNA es un parapeto que solo favorece a los niños, niñas y adolescente. Sin embargo, no la han leído. Y siguen con una práctica docente del pasado. No se han percatado que también les da deberes que cumplir. Por ejemplo ser disciplinados, obedientes y hacer sus tareas. Si no lo hacen incumplen sus deberes y responsabilidades. El maestro no debe maltratar sino enseñar. Muchos maestros se copian los proyectos y los aplican de manera automática. Si tienen un alumno con problemas, simplemente lo dejan de lado y abandonan cuando deben generar estrategias didácticas para integrarlos. En muchos casos se ha tomado a la LOPNA para incumplir responsabilidades. Creo que si la leyeran la educación marcharía mejor. (Miguel Cortéz, [email protected], Aporrea, http://www.aporrea.org/educacion/a107627.html)

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