Con la caída de los precios del petróleo entró en una aguda crisis el modelo burgués que el gobierno presenta bajo el engañoso título de «socialismo del siglo XXI». El gobierno es incapaz de decir la verdad frente al fracaso espectacular al que ha conducido nuestra capitalista y dependiente economía al cabo de una década en la que se ha gozado de precios petroleros altísimos.

El presidente Chávez y sus ministros intentan tapar una mentira con otra: a comienzos de 2009 inventaron la tesis de que la economía venezolana estaba «blindada» frente a la crisis mundial del capitalismo, una gran falacia. Luego de aprobar la enmienda constitucional admitieron que no había tal blindaje y arrancaron con la aplicación de un plan de ajuste burgués, subiendo el IVA, aumentando el endeudamiento público, y rebajando el salario real de los trabajadores, a la usanza de todos los gobiernos reaccionarios. Durante todo el año 2009 se liberaron los precios de la mayoría de los alimentos, y se aumentaron considerablemente los precios de los productos regulados, bajo el insólito argumento de que subiendo los precios, aumentaría la oferta y terminarían bajando los precios. El resultado no fue ninguna disminución de precios, sino por el contrario la inflación más alta de América Latina.

En enero de 2010 nos aplicaron una devaluación del 100%, aplaudida por el FMI y la burguesía, bajo la argumentación irresponsable y ridícula de que supuestamente la medida se convertiría en una «revaluación» y que con la devaluación se le «quebraba el espinazo» a los especuladores. El presidente nos tomaba el pelo nuevamente, y lo único que quedó con el espinazo quebrado fue el salario de los trabajadores, mientras que los precios continuaron su imparable escalada, y el bolívar no se «revaluó» en el mercado paralelo, sino que por el contrario continuó hundiéndose hacia nuevos niveles. Según Chávez, el gobierno garantizaría la publicación en las etiquetas de precios de los productos importados el precio del dólar con que fueron adquiridos. Otra mentira más. Según el gobierno, las exportaciones venezolanas iban a multiplicarse gracias a la devaluación, y al mismo tiempo se sustituiría importaciones por productos nacionales. No ocurrió nada de eso.

Ahora, ante las evidencias de la tremenda estafa a la que fuimos sometidos, para tapar la infame mentira de la revaluación, el ministro Giordani inventa unas terribles conspiraciones de agentes económicos encubiertos, que él mismo no se atreve a delatar, que estarían haciendo operaciones de guerra sucia para elevar el precio del dólar en el mercado negro y para «desestabilizar» (palabra favorita de la burocracia chavista). La realidad es que ha habido especulación en el mercado cambiario desde hace ocho años, y que la propia burocracia gubernamental ha participado del negocio a través de manejos poco transparentes de los petrodólares. La especulación no es ninguna novedad, y el gobierno aplicó una superdevaluación a sabiendas del terrible impacto inflacionario que tendría en nuestro país.

Ya nadie cree en las disparatadas explicaciones que da el gobierno cada vez que toma medidas que destruyen el poder adquisitivo de los trabajadores y el pueblo pobre. En definitiva está claro que no vamos rumbo al socialismo del siglo XXI ni de ningún otro siglo, sino que estamos ante un gobierno burgués empeñado en que seamos las mayorías populares quienes paguemos el costo de la crisis económica, y en ese camino está dispuesto a fabricar las más absurdas mentiras para justificarse. Pero esas mentiras tienen patas muy cortas, como se ha demostrado en el caso de la «revaluación».

Frente a esta situación, son cada vez más frecuentes las expresiones obreras y populares de descontento, y a la par del crecimiento de la protesta, se profundizan la represión y la criminalización de las luchas. Un caso emblemático fue el ensañamiento del gobierno contra la marcha del 12 de marzo en Maracay, en rechazo a las medidas económicas del gobierno, protesta que fue reprimida y culminó con la detención de 28 trabajadores y activistas.

Pese a la criminalización de la protesta social, las luchas siguen generalizándose, y se abre un espacio para el surgimiento de una alternativa de izquierda que defienda el socialismo revolucionario, frente a la caricatura de socialismo oficial. En esta perspectiva, será muy importante la participación de las candidaturas obreras y populares que está postulando la Unidad Socialista de Izquierda a través de un acuerdo electoral con el PPT, en las venideras elecciones legislativas.

Por Simón Rodríguez Porras
Militante de la Unión Socialista de Izquierda

Publicado en laclase.info

Una respuesta

  • Buen resumen del desastre económico del gobierno y las mentiras para evadir responsabilidades. Pero me decepciona que termine insistiendo en las virtudes del socialismo y pretenda distancias el socialismo del gobierno de chávez. Lo que pasa en Venezuela bajo chávez, pasó en Cuba bajo fidel, en Albania bajo Hoxha, en Corea bajo Kim il Sung, en China bajo Mao, en Rusia bajo Stalin. No es cierto que el socilsimo es intrínsicamente bueno y los paises socialistas han tenido mala suerte3 con los gobernantes. Lo cierto es que así es el socialismo. Nunca será diferente de lo que hemos conocido históricamente.
    El problema es que el socialismo es una ideología y como tal invierte gran esfuerzo en etiquetar las acciones de los ciudadanos según el grado de adhesión a la ideología. Los términos revisionista o contrarevolucionario destruyen las vidas de los así etiquetados.
    El chiste popular de romper el termómetro para eliminar la fiebre capta el razonamiento del gobierno para intervenir el mercado cambiario. El precio del paralelo no obedece a los deseos especuladores de las casas de cambio. Ninguna casa podría vender el dólar a 100BsF hoy, por ejemplo, porque el mercado no lo aceptaría. Economía es la ciencia social con más desarrollo matemático porque sus variables son complejas, interrelacionadas, y obedecen leyes de causa-efecto. Pero un gobierno guiado por la ideología y predispuesto a interpretar y responder solamente dentro de la capa ideológica del razonamiento está incapacitado para percibir–mucho menos entender–el sustrato de las variables económicas. Entonces rompe el termómetro económico y pone preso a los que venden termómetros como si eso fuera suficiente para corregir sus desaciertos.

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