El pasado 13 de mayo fue formalmente juramentada la Comisión Presidencial para el Control de Armas, Municiones y Desarme. Esta instancia es liderada por el ministro Tarek El Aissami e integrada por representantes del alto gobierno, diversos poderes públicos, académicos, activistas de derechos humanos y otros sectores organizados de la sociedad. Con las palabras que titulan este ar-tículo, el presidente Chávez celebró la constitución de la comisión, cuyo mandato expreso se orienta a atender una de las dimensiones más crudas y complejas de la violencia que nos afecta: el uso de las armas.

Todos los estudios existentes en el país indican contundentemente que estamos siendo carcomidos por una violencia donde la presencia de armas de fuego es la constante. La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de Seguridad Ciudadana (INE 2010) indicó que en el período junio 2008-junio 2009, 79,48% de los homicidios fueron cometidos con armas de fuego. En el año 2010, 94% de los homicidios registrados por el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) ocurrieron bajo la misma modalidad. Estas cifras no pueden menos que generar alarma y un llamado a tomar conciencia de la situación que enfrentamos, especialmente si le agregamos el hecho de que la juventud es la que está inmersa más duramente en este flagelo: 44% de las víctimas se ubican entre los 25 y 44 años de edad, mientras que el 70% de los victimarios también son jóvenes.

Si bien este fenómeno no es exclusivo de Venezuela y representa un desafío en toda la región, no es menos cierto que los niveles de victimización por uso de armas en el país es alarmante y por ello la absoluta pertinencia de esta iniciativa que busca sumar voluntades políticas, capacidades técnico-científicas y aportes desde una perspectiva amplia y plural con todos los sectores, para que podamos salir del atolladero de la violencia.

La comisión contará con una Secretaría Técnica, que he sido honrado en presidir, desde la cual iremos articulando en un gran plan de trabajo todas las dimensiones de la tarea encomendada, a saber: elaboración de una gran consulta nacional para identificar propuestas y aportes vinculados con el control de armas y la reducción de la violencia; realización de campañas masivas en pro del desarme y la generación de una cultura de paz y convivencia; desarrollo de investigaciones de diversas índoles que nos permitan comprender, con basamento científico, las distintas dimensiones del problema en la sociedad; y finalmente, definición de medidas a corto plazo para que sean aplicadas por los órganos correspondientes del poder público, en aras de reducir significativamente la presencia de armas en las calles.

Veinte personas por sí solas no producirán el «milagro» de la reducción de la violencia en el país. Lograrlo es tarea de cada habitante en esta tierra de gracia. Pero la Comisión hará su mayor y mejor esfuerzo para generar condiciones que permitan avanzar participativamente hacia soluciones del problema, entendiendo que el desarme no puede ser potestativo. En un país violento como el nuestro, se convierte hoy en un imperativo.

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