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“Mi tumba no anden buscando/ porque no la encontrarán.
Mis manos son las que van/ en otras manos, buscando,
mi voz, la que está gritando, / mi sueño, el que sigue entero.
Y sepan que solo muero/si ustedes van aflojando.
Porque el que murió peleando/ vive en cada compañero.”

El incremento de las muertes violentas a manos del hampa y de los cuerpos policiales nos convoca a convertir el duelo privado y personal en protesta colectiva. No hay otra salida que la de denunciar en la calle la criminal violencia hamponil y la criminal violencia policial, la incompetencia de los burócratas con sus planes de seguridad y nuevas policías en connivencia con la impunidad judicial.

Vemos a diario que cuando la víctima es un vecino del barrio, un trabajador, un pobre de solemnidad, el hecho no trasciende la página roja de los diarios, no hay operativos de represalia, ni públicas manifestaciones de pesar y mucho menos búsqueda de los asesinos. Sólo hay dolor familiar: dolor cuando la noticia llega, convertida en grito que vuela tras el balazo. Dolor al esperar cuatro, doce, hasta 24 horas, para que aparezca la furgoneta forense a realizar el levantamiento del cadáver. Dolor en la espera interminable a las puertas de la morgue, hasta que entreguen el cuerpo sin vida del ser querido.

Dolor doblemente infringido cuando el Ministro o el jefe policial incompetente injurian cobardemente la memoria del caído, acusando de delincuentes a personas trabajadoras y pobres que -precisamente por serlo- se convirtieron en víctimas de la violencia.

Es hora de trascender de la impotencia del duelo privado en protesta pública y colectiva, del dolor particular debemos pasar a la movilización social. Constantemente se dice que el Estado “supuestamente” tiene la obligación indelegable de proteger la vida de los ciudadanos, pero la cruda realidad nos dice que el Estado sólo se protege a sí mismo, a sus altos funcionarios y sobre todo a la minoría dominante, que sigue gozando de la mayor impunidad. La única forma de que el pueblo haga sentir su protesta es movilizándose con contundencia, en el único escenario donde puede ser oído: la calle.

Basta ya de esperar una respuesta de los cuerpos policiales, de fiscales, defensoría del pueblo o jueces ante la violencia, el crimen y la impunidad. Todos sabemos lo que significa el vía crucis de esperar la aplicación de la justicia cuando la víctima es el pobre y peor aun cuando el victimario es un funcionario policial., todos sabemos- y lo sabemos muy bien- que ejercicio de la justicia se ha convertido en vulgar negocio con el que mercadean todos los estratos del poder público.

El hampa sigue asesinando al pobre, los cuerpos policiales siguen matando a inocentes, el gobierno da ruedas de prensa e inventa “planes de seguridad” que duran lo que dura un escándalo, inventan nuevas policías, pero hoy el pueblo trabajador está en la calle asumiendo su papel con conciencia : antes llorábamos en silencio, y asumíamos la ferocidad del hampa, la violencia policial, la impunidad judicial como una especie de desgracia natural, como un terremoto o una inundación; ahora ejercemos el derecho de rebelarnos ante la criminal violencia y ante la criminal burocracia del mal llamado sistema de administración de justicia.

Frente al hampa que nos masacra y ante sus agentes que con cinismo expresan que la inseguridad es una “sensación” nosotros tenemos el derecho y el deber de rebelarnos por los vivos, por los muertos y por los que están por nacer.

COMITÉ DE VICTIMAS CONTRA LA IMPUNIDAD- LARA. DICIEMBRE 2009

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