En su ruta hacia el endeudamiento nacional, el gobierno del presidente Chávez ha venido subastando parte importante de la riqueza mineral de Venezuela. Con un bolchevismo verbal antiamericano, el centro de gravedad de la dominación se ha ido desplazando.

Ya no solamente son los bancos y fondos de inversión los principales acreedores de Venezuela de una deuda externa que ha contraído de manera injustificada la administración de Hugo Chávez sino también los chinos, quienes han logrado amarrar un conjunto de acuerdos que afectan seriamente los intereses de Venezuela.

Gradual pero sostenidamente los chinos han venido tomando cada vez con mayor fuerza posiciones importantes en el financiamiento a la economía venezolana.

¿Qué buscan los chinos? Materias primas.

Como se trata de una economía en fuerte crecimiento, la nación asiática está empeñada en asegurarse fuentes estables de petróleo, aluminio, hierro y acero, entre otros productos. Para ello está suscribiendo acuerdos con aquellos países que tienen esos recursos pero carecen de liquidez internacional, que es lo que parece sobrarle a los chinos dados los gigantescos superávit comerciales que mantienen con los Estados Unidos y la Unión Europea.

En el caso de Venezuela, ya se ha acordado la entrega de mineral de hierro y aluminio a cambio de dólares de manera tal que las empresas chinas manufacturadoras de bienes industriales ya pueden contar con el envío de toneladas de esos productos durante los próximos cinco años.

Con Ferrominera del Orinoco aseguraron los chinos que se les supla mineral de hierro a cambio del suministro de divisas a las arcas vaciadas de esa empresa y equipos industriales. En efecto, las empresas chinas Meishan Rolling Stock Co (MRS) y Commodities & Minerals Enterprise Ltd (CME) elaboraron los equipos que requiere Ferrominera, entre ellos, vagones, distribuidos en 200 tipo góndola de 90 toneladas, 10 tipo plataforma de 70 toneladas y 4 cabooses (vagones de cola que transportan personal). El precio del hierro de esta operación implicó un descuento respecto a la cotización de ese mineral en el mercado mundial.

Pero además, todos los equipos que se manufacturaban en Venezuela, en el estado Bolívar, ahora se fabricarán en China y a eso denomina el gobierno desarrollo endógeno. También quieren los chinos aluminio. Pero en vista del deterioro de las empresas, pusieron sobre la mesa que ellos invertirían pero a cambio exigen el control total sobre las operaciones y la redefinición del papel de los sindicatos y demás representaciones de los trabajadores. Este acuerdo para el suministro de aluminio está en fase de conversación.

Pera tal vez el caso más emblemático sea el acuerdo petrolero recientemente aprobado por la Asamblea Nacional entre Venezuela y China. Ese pacto estaba en el limbo porque no había recibido sanción legislativa y los asiáticos, ante la incertidumbre de los resultados para las elecciones parlamentarias presionaron para su aprobación por este cuasi moribundo Parlamento. Sin la aprobación legislativa el pacto era ilegal y estaba sujeto a demandas si cambia la correlación de fuerzas políticas en Venezuela.

Los chinos, ya duchos en las lides del capitalismo y sus instituciones, porque ya son una economía capitalista, solicitaron que el contrato celebrado tuviese fuerza legal y así se hizo. El acuerdo es leonino para Venezuela porque se contempla la entrega por parte de China de US$ 20.000 millones, la mitad en dólares y la mitad restante en yuanes. ¿Qué hará Venezuela con esos yuanes si esta no es una moneda convertible internacionalmente? Comprarle productos a China, entre ellos las lavadoras, licuadoras, secadoras y vehículos que el presidente Chávez ha prometido regalar o vender a precios de saldo a quien llegue primero al remate.

Venezuela de compromete a despachar hacia China 200.000 barriles de petróleo diarios en 2010, 250.000 barriles diarios en 2011 y 300.000 barriles diarios a partir de 2012 hasta el vencimiento del crédito.

No especifica el convenio el precio del petróleo implícito en el suministro pero debe ser inferior en comparación con los del mercado internacional porque de otra manera los chinos no entran en el negocio. Como ya la mitad del monto en dólares se ha recibido, lo que resta para Venezuela es continuar embarcando los cargamentos de crudo y prepararse para dejar de recibir aproximadamente US$ 6.300 millones en 2011 y más de US$ 7.000.000 millones a partir de 2012.

Todo ello en un contexto de caída de la producción y mayor consumo interno. Ello seguramente forzará a nuevos endeudamientos con los chinos y con ello la influencia de una potencia en ciernes, pero al fin y al cabo, potencia.

José Guerra
Economista

Publicado en Tal Cual

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