La inflación en Venezuela está desbocada y el gobierno no asume su responsabilidad para contener ese flagelo. En cualquier país del mundo la disminución de la inflación es una política de Estado y gobiernos responsables no andan buscando a quién echarle la culpa del alza de los precios.

En una economía donde el banco central existe solamente para imprimir dinero sin valor, donde la producción agrícola e industrial está diezmada y donde el tipo de cambio fue devaluado, la inflación es un hecho inevitable.

Sin embargo, en medio del cuadro inflacionario que sufre Venezuela, es increíble que el gobierno tolere y se conforme con tasas de inflación mayores al 30% anual y lo peor de todo es que las metas de inflación que anuncia el gobierno no se cumplen y no solamente que no se cumplen sino que además cada año la brecha entre el anuncio y la inflación efectiva se hace más grande.

Así, para 2009 anunció el gobierno una tasa de inflación objetivo, según la Ley de Presupuesto de 15%, pero la inflación observada alcanzó 26%. Para 2010, según la Ley de Presupuesto la inflación meta del gobierno era 12%, luego la misma, sin ningún tipo de explicación, fue corregida a 22%. Sin embargo, el registro más probable indica que la tasa de inflación para este año cerrará sobre 30%.

Todo esto indica que el gobierno, para desgracia de los venezolanos, tiene perdida la batalla contra la inflación. Por esa razón el único vocero del gobierno en asuntos económicos, el ex ministro de Finanzas, Rodrigo Cabezas, con una osadía sin límites afirmó que se congratulaba porque el país tendría este año una inflación entre 27% y 30%.

Venezuela con una tasa de inflación elevada, en el concierto de países latinoamericanos y de otras latitudes, está liquidada desde el punto de vista de su inserción en el comercio mundial.

Tasas de inflación elevadas como las de Venezuela en relación con sus socios comerciales y con el actual régimen cambiario de tasas fijas, condenan al país a producir exclusivamente y nada más que petróleo, salvo que imponga barreras comerciales artificiales que impidan la entrada de productos importados.

Pero al hacerlo también se cierran los mercados, con lo cual al país se le cancelan oportunidades de crecimiento y expansión. Todas las experiencias conocidas de crecimiento pasan por la conquista de mercados y actualmente el mundial es el más importante.

Con el veloz crecimiento de China y otras naciones asiáticas se abren mercados significativos para economías con vocación de ser grandes. Con el mercado local hoy no es posible sostener una expansión permanente de la economía.

Pero tampoco con tasas de inflación como las que tiene Venezuela. Según se consigna en el gráfico adjunto, la tasa de inflación anual es francamente desquiciante cuando se compara con sus pares de América Latina.

En junio de 2010, los tres países con mayor inflación son Venezuela, 31,2%, Argentina, 10,7% y Uruguay, 7,1%. Pero la inflación de Venezuela es casi cuatro veces y media la de Uruguay. Los tres países con inflación más bajas son: Perú, 0,0%, El Salvador, 0,5% y Chile, 1,5%.

¿Qué han hecho estos tres países de inflaciones bajas? ¿Qué han hecho Venezuela y Argentina para tener inflaciones altas? El Salvador es un caso aparte, porque se trata de una economía dolarizada pero con disciplina monetaria. En lo relativo a Perú y Chile, las tasas de inflación bajas obedecen a que los bancos centrales están abocados a la lucha contra la inflación y lograron derrotar a ese azote.

En el caso de Venezuela y Argentina, la situación es totalmente distinta: en ambos casos los bancos centrales se han convertido en cajas chicas de los gobiernos, prestos a financiar los déficit fiscales.

De esta manera, los institutos emisores argentino y venezolano, funcionan como especie de grandes imprentas que imprimen dinero, pero que cada vez vale menos.

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